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«Ser sapiente no te da derecho a ser tedioso».
Zoila Vega Salvatierra

lunes, 3 de julio de 2017

"El molle y el sauce", nueva novela de Zoila Vega


El molle y el sauce

Nueva incursión de Zoila Vega Salvatierra en la

 narrativa


La editorial Arsam ha dado un gran paso para ser conocida. Su proyecto Colección Bicentenario es todo un acierto. Integrada por ocho novelas y un diario, esta colección nos trae ficción histórica que, sin duda, dará que hablar.

Dentro de la colección (la mayoría limeños), está la arequipeña Zoila Vega Salvatierra, autora que en los últimos años comienza a destacar en el mundo de la narrativa. Ella aporta a la colección con su novela corta El molle y el sauce, que ahonda en lo que fue la leyenda de Melgar. No dice nada nuevo. Ella misma lo aclaró en la presentación del libro la semana pasada, y lo que intenta es humanizar la figura de Melgar, pues “ahora no se escriben biografías, sino hagiografías de él”.

EL MOLLE Y EL SAUCE

El molle y el sauce es una parábola sobre quiénes somos; reescribir el mito no nos hace ser irrespetuosos, sino más auténticos”.
                                                                                           Zoila Vega Salvatierra

Esta nueva incursión de Zoila Vega en la narrativa es parte de un proyecto. Según se dijo en la presentación del libro la semana pasada, este se inició hace ya tres años: se le pidió a algunos autores que ficcionaran sobre la historia peruana. Una de las narradoras seleccionadas fue Zoila Vega Salvatierra (autora de Cápac Cocha, Premio de Novela Corta del BCRP; Acuarelas, mención honrosa Premio Nacional PUCP; y Las Saucedo, uno de sus mejores trabajos), quien tuvo que “moldear” la novela bajo algunos “requisitos” (como la división en cuatro capítulos y el número de páginas, como señaló la también directora de la orquesta de cámara Calíope durante la presentación).

LO BUENO

El molle y el sauce es la conversación de cuatro amigos (a saber: Francisco Gonzáles Vigil, el diputado Laso, José María Corbacho y el presbítero Arce) en Lima, veinte años después de la muerte de uno de sus amigos comunes: Mariano Melgar.

Todo comienza en la casa de Corbacho, mejor amigo de Melgar. Allí llegan, poco a poco, los amigos de adolescencia. Al principio se discute la actitud de Juan Gualberto Valdivia en los funerales del poeta; luego, con la llegada de los demás compañeros, se comienza a recordar a Peroles, como le decían a Melgar en su adolescencia. Y, poco a poco, es evidente (quizá demasiado remarcado) la culpa que siente José María Corbacho por permanecer él con vida, mientras su amigo ha sido ajusticiado.
Es innegable la investigación histórica que se ha realizado para la novela. Tengo que confesar que no conocía el actuar de Juan Gualberto Valdivia en los funerales del poeta, recitando versos con una calavera en la mano. Además, esta novela corta revela los apodos de los amigos; así, a José María Corbacho le decían Batilo; y a Melgar, Peroles.

La mencionada comparación que hace referencia al título de la novela aparece en palabras de Peroles (Melgar): “Batilo [José María Corbacho], tú eres como un molle robusto, alto, fuerte, que resiste impávido los terrales de agosto. Yo soy como el sauce que siempre está llorando y sacude sus caídas ramas con el soplo del viento”.

“Lo hemos endiosado tanto que lo hemos dejado de conocer”, señaló la autora del libro. Y es cierto. Hay aspectos de su vida que se pasan por alto y que la autora da a conocer.

Por otro lado, son desmentidas las ya conocidas leyendas que circularon acerca del poeta: que el que desposa a Silvia, Manuel de Amat, es el que ejecuta la sentencia de muerte de Melgar, y otras. Todo esto ya aclarado en la biografía que escribió Aurelio Miró Quesada: Historia y leyenda de Mariano Melgar.  

También se da a conocer los cargos importantes que adquirieron luego los amigos de Melgar: presidente de la Convención Nacional, presbítero, abogado acomodado. Además de la asistencia de Silvia, María Santos Corrales, a los funerales del poeta. En buena cuenta, logra dar vida a José María Corbacho.

La edición del libro es buena. La separación de los capítulos con hoja roja es un detalle destacable. La portada es adecuada. Las ilustraciones son de mediana calidad.

LO MALO

Es evidente que la obra está dirigida a escolares, muestra de ello son las imágenes que acompañan al texto; además de cierto aire de enseñanza-explicación en algunos pasajes de la obra (citando algunos poemas de Melgar incluso).

Como ya se dijo, la obra es un diálogo entre los cuatro amigos. Quizá eso le quita fuerza a la figura Melgar, a quien se intenta humanizar, como cuando se dice que tuvo mujeres (“una chola de trenzas y pollera” que salía de su tienda de campaña a altas horas de la noche). No digo que no sea cierto; es más, es muy probable así haya ocurrido, pero tal vez sea necesario recordar que la leyenda vive para servir de ejemplo a las demás personas. El que Melgar no tenga mácula es increíble, pero es “mejor” creerlo y pensarlo así. Tomando en cuenta que la intención de autora ha sido humanizar al héroe, no resulta impertinente plantearse estas cuestiones. Y probablemente por eso, precisamente, es que lo ha conseguido.

Se echó en falta el mecanismo por el cual José María Corbacho “crea” la leyenda de Melgar. En la novela solo se menciona que él es el responsable, pero hubiera sido revelador que se conozca cuáles fueron los medios: ¿sobornó a algunos funcionarios?, ¿pagó a redactores de periódicos para que popularizaran la leyenda?


***

Cuatro amigos de Mariano Melgar conversan en la casa de José María Corbacho (con incursiones esporádicas de la esposa de este), veinte años después de la muerte del poeta, acompañados de una merienda y, más tarde, un poco de “aguardiente de uva”. Esta conversación servirá para que los amigos del vate relexionen acerca de la suerte aciaga de su amigo y aclaren, solo para ellos, cómo fue verdaderamente Melgar. Esto les servirá de consuelo y demostrarán, en el proceso, que, muchas veces, la verdad es distinta de lo que se cuenta y se rumora. 

viernes, 23 de junio de 2017

Entrevista a José Córdova, editor de Surnumérica



Nueva edición de Los juegos verdaderos 
de Edmundo de los Ríos

La célebre novela del arequipeño Edmundo de los Ríos (1944-2008) ha sido reeditada por Surnumérica. El editor José Córdova nos cuenta cómo fue el proceso de edición del libro que es un auténtico clásico de la literatura peruana.

Por: Carlos Valenzuela

Uno de los más ambiciosos proyectos narrativos en lo que va del año en Arequipa es la publicación de la célebre novela de Edmundo de los Ríos: Los juegos verdaderos. La editorial Surnumérica llevará este excelente libro al público peruano para que, señaló el editor José Córdova, «sobre todo los jóvenes lo lean, que sepan la calidad de la obra que dejó». La presentación se realizó en la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa el pasado 2 de junio.

«La novela que inicia la literatura de revolución», había dicho Juan Rulfo, y no se equivocaba. Utilizando innovadoras técnicas narrativas, De los Ríos cuenta, en tres momentos trascendentales, la vida de un guerrillero. Lleno de imágenes memorables, momentos conmovedores y reflexiones profundas, esta novela ahonda en las razones por las que un estudiante decide dejar todo (sus estudios, su familia, sus amigos, su novia) para embarcarse en el proyecto de derrocar al gobierno por medio de la lucha armada. Esta decisión, puesta en duda algunas veces, lo llevará a momentos de severas crisis y pensamientos en la celda en donde está preso. 

Como se sabe, la edición que publicó la UNSA en 1986 se podía encontrar hasta hace unos años en las librerías de viejo que hay por la ciudad, pero hoy es prácticamente inubicable. Ni la Biblioteca Regional Mario Vargas Llosa ni la Biblioteca Ateneo poseen un ejemplar del libro que editó la casa agustina. Hay un solo ejemplar de esta edición en la Biblioteca de Filosofía y Humanidades de la UNSA (a la que solo se puede acceder tramitando un carné de estudiante, egresado o docente; el carné para particulares es muy difícil si no imposible de conseguir); sin embargo, se puede tener acceso a algunas copias fotostáticas que circulan entre interesados en obras literarias escritas por arequipeños.

A pesar de la poca difusión que ha tenido la novela hasta hace un par de años, esto no ha sido obstáculo para que cale en la mente de lectores, escritores y editores que han tenido la suerte de obtener un ejemplar.
"Los juegos verdaderos" (Surnumérica, 2017)

Ahora, la editorial Surnumérica apuesta por la novela de Edmundo de los Ríos en una nueva edición. Su editor, José Córdova, nos cuenta acerca de los caminos que lo llevaron a esta magnífica novela y el trabajo que significó publicarla.

—¿Cómo fue que decidiste reeditar Los juegos verdaderos?

—La historia empieza en mis primeros años universitarios (1998-99) cuando llegó a mis manos el libro. Fue una lectura hermosa, sobre todo por el tema que trata el autor: la guerrilla en el Perú. La intención fue conocer a Edmundo, buscarlo, homenajearlo y preguntarle por sus libros inéditos, pero fue imposible porque no era un personaje público, no se sabía exactamente dónde vivía. Hasta que el año 2008, su sobrino Axel Porras, que estudiaba en la Escuela de Literatura, me mandó un correo en el que me explicaba que su tío había muerto y sus familiares lo estaban trayendo para enterrarlo en Arequipa. Recuerdo que fue un correo que llegó un domingo 11 de mayo, Día de la Madre. Con esa noticia quedé enternecido; escribí una nota de prensa en mi blog (La torre de las paradojas), y de allí, la noticia saltó a otros blogs. Semanas después, apareció un homenaje que le hizo Niño de Guzmán en El Comercio. En realidad, muy poco se habló de la muerte de Edmundo. Fue en ese momento que, como homenaje a la belleza de su libro, decidí reeditarlo.

—¿Por qué no hubo una editorial que apostara por Edmundo de los Ríos sino hasta el 1986 en que la UNSA lo publica?

—Lo que se cuenta es que no encontró casa editorial en Lima. De los Ríos es un continuador de la saga de Scorza. Para ese entonces surge lo del Valle de la Convención en Cusco; esta insurgencia campesina traía consigo ideas de la reforma agraria con visos de “revolución” encabezado por Hugo Blanco; parte de eso está descrito en Los juegos verdaderos. Se sabe que Scorza tampoco tuvo acogida en alguna editorial peruana por “denunciar” estos temas (en este caso, los movimientos campesinos de Cerro de Pasco); si mal no recuerdo, la saga de Scorza recién es publicada a mediados de los años 80 en Peisa, y en la contraportada se pone que son temas ficticios al que el autor recurre, y que probablemente los eventos de las cinco novelas nunca existieron. En la década del 70, difundir este tipo de literatura era un asunto delicado y, por ende, era difícil que este libro de Edmundo se volviera a publicar.

—¿La nueva edición de Surnumérica está transcrita directamente del original?

—Sí. La edición príncipe la pude encontrar, en 2011, en la biblioteca de un amigo en Puno. Y lo primero que hice fue compararla con la edición de la UNSA; sin embargo, pese a ser esta una edición facsimilar, el epígrafe de la primera parte, por ejemplo, no está en esa edición. Además de las correcciones que tenían que hacerse necesariamente; por ejemplo, cuando Edmundo habla del río Chile, es obvio que se refiere al Chili y, por ahí, algunas palabras más que están mal escritas o utilizadas.

—En el último capítulo, ¿cómo se hizo para distribuir el estilo de narración de Edmundo?

—Hay dos discursos intercalados. Uno, de cómo va terminando la vida del guerrillero en la novela, y el otro discurso es de aliento, de apología, para estar siempre con la lucha y seguir con la revolución. Entonces se intercalan esos dos discursos. Obviamente, al cambiar la tipografía, cambia el modelo de caja del original. Lo primero era tener los dos discursos separados, y luego rellenar interlineadamente cada discurso; así, no se desacomodó nada, sigue siendo el mismo capítulo con la misma intención del autor.

—¿Qué fue lo más difícil de reeditar este libro?

—Lo más difícil fue encontrar la continuidad de los diálogos que se interrumpen. Hay diálogos y párrafos que, en cierta página, se cortan y no tienen punto final, pareciera una errata del editor mexicano, pero obviamente no es así, ya que luego, páginas después, estos continúan. Y más o menos, para que el lector entienda, el autor colocó a la misma distancia la continuación del párrafo interrumpido. Había que darle una sangría más extensa o más pequeña para que se entienda dónde continúa cada diálogo.

—¿Qué otros proyectos tienes con la editorial?

La idea de crear Surnumérica, sello de Cascahuesos Editores, es tener una gran editorial que publique desde Arequipa para el mundo. Por ello, empecé con un clásico que más me haya impresionado y ese fue Los juegos verdaderos de Edmundo de los Ríos. La colección está hecha básicamente de escritores contemporáneos de Latinoamérica, a los que se les intercalará con escritores clásicos también de Latinoamérica.

El segundo clásico que vamos a publicar es la reunión de los cuentos de Gamaliel Churata, escritor arequipeño que lo han nacionalizado en Puno. Él tenía un proyecto, según consta en una carta enviada a Mariátegui, para publicar un libro de cuentos en México; se iba a llamar Tojjras. Finalmente, el libro nunca se publicó, pero fue apareciendo por partes en algunas revistas de Lima, Cusco y Arequipa. Gracias a William Cutipa, hemos terminado de juntar esa colección de relatos desperdigados, además de otras narraciones que se han encontrado en diferentes revistas del sur de país.

El tercer libro clásico son los libros póstumos de prosas de César Vallejo: Contra el secreto profesional y El arte y la revolución; el primero es una especie de miscelánea donde mezcla pensamiento, narración corta y reflexiones de bolsillo, y el segundo es una compilación de sus ensayos sobre arte y literatura desde el punto de vista marxista, pero al estilo del mismo Vallejo. Él los llamó Mis libros de pensamientos; por ello, estamos pensando publicarlos con ese mismo título. La viuda los sacó en 1974 en dos tomos diferentes. Sin embargo, nos arriesgamos a exponerlos en uno solo, ya que se ve que hay una unidad.

Y entre los contemporáneos, ya publicamos el tercer libro de cuentos de Yuri Vásquez, y ahora estamos viendo su segunda novela. En estas semanas estamos con la edición de lo nuevo de los escritores arequipeños Aldo Díaz Tejada, Victoria Vargas, Marcel Oquiche y Luis D. Gutiérrez; además de una segunda edición de Barcos de arena de Fernando Rivera, y una compilación de la narrativa breve de José Donayre Hoefken. A la par estamos con tres escritores extranjeros: el portugués José Luis Peixoto, el ecuatoriano Carlos Vásconez y el boliviano Jaime Nisttahuz.

José Córdova, editor de Surnumérica (Foto: Facebook) 


JUAN RULFO: MENTOR DE EDMUNDO DE LOS RÍOS

Juan Rulfo (1917-1986)
«A los 23 años, Edmundo de los Ríos viajó a México gracias a una beca de creación literaria del Centro Mexicano de Escritores, dirigido en ese entonces por Juan Rulfo, Juan José Arreola y Francisco Monterde», se puede leer en la solapa de la nueva edición de Los juegos verdaderos.

«Edmundo termina de escribir la novela en el año 67 —al habla, José Córdova, editor de Surnumérica— y, sin que se enteren sus maestros [Juan Rulfo y Juan José Arreola], la manda al concurso Casa de las Américas de Cuba, en esa época el concurso más importante de Latinoamérica. Obtuvo una mención especial digna de ser publicada [en el año 1968] y ese mismo año, Antonio Cisneros gana en poesía y Alfredo Bryce queda finalista en cuento. Hubo tres peruanos que destacaron ese año. Apenas se publican los libros ganadores, Edmundo le lleva un ejemplar a Rulfo. Él lo lee e inmediatamente le dice: “Te voy a contactar con un editor joven de México para que publique el libro porque está muy bueno”. Rulfo le da la posta a Emmanuel Carballo, quien queda contento con el libro y lo publica en su editorial Diógenes en febrero del 68, quizá un mes después o quizá a la par de la publicación cubana, no lo sabemos. En fin, cuando ven el libro en imprenta, Rulfo quiere hacer algo más por la novela de Edmundo. Le dice a Emanuel: “Este libro no puede venderse así nomás”, y le redacta este texto corto a manera de apoyo: “La novela que inicia la literatura de la revolución en Latinoamérica”, que salió en un cintillo que envolvía el libro».

Edmundo de los Ríos (1944-2008). Foto: "Caretas"
Al igual que su maestro, señala José Córdova, Edmundo dejó escasa obra publicada. «Sabemos que dejó un solo libro [Los juegos verdaderos]. Sabemos de la existencia de Los locos caballos colorados, aún inédita; de la cual hay algo de tres versiones. Una está en manos de la viuda, otra en manos del hermano, Eliseo, y por allí una tercera que está en manos de algún amigo cercano de Edmundo. También se sabe de una tercera novela, El mutilado ecuestre, que según don Eliseo no es una novela sino un cuento, al parecer un cuento largo o novela corta; ese es probablemente el manuscrito que, según Niño de Guzmán, fue arrojado, en un momento desesperado de su autor, desde la azotea de su casa, quizá por alguna mala noticia de un concurso en el que estaba participando. Luego tenemos algunos cuentos que se están rescatando; hasta la fecha, ya he recuperado hasta seis, pero debe haber muchos más. Hay que seguir hurgando en las revistas de los años 60-80. Finalmente, no olvidemos sus crónicas de cultura y arte que publicó en Perú, México y, probablemente, Colombia», añadió el editor de Surnumérica.











jueves, 22 de junio de 2017

Momentos literarios de Arequipa

[ACLARACIÓN]
El domingo 14 de mayo se publicó un artículo mío en el “Suplemento Dominical” del diario “El Pueblo”. Estoy muy agradecido por eso. Sin embargo, debo aclarar que el editor del diario cambió el título original y suprimió los tres párrafos finales (además de agregar la sumilla del artículo periodístico y escribir la leyenda “Arequipeños tienen predilección por los libros de autoayuda”, que acompaña a una imagen).
[Aquí el texto completo]

Momentos literarios de Arequipa

Por: Carlos Valenzuela
Producto de las nuevas tecnologías, la narrativa escrita y publicada en Arequipa tiene cierto auge, relevancia y un incipiente aire mediático que le viene bien. Por supuesto, no todo es color de rosa y no todos los libros publicados en la ciudad tienen calidad literaria, pero el interés y el trabajo dedicado de algunos autores son cualidades dignas de aplaudirse. El posicionamiento de ciertos nombres y el trabajo de los autores, editores e impresores está dando sus primeros frutos.
Hace ya muchos años, un autor muy concienzudo dijo que es un lujo que una ciudad tuviera uno o dos escritores. Es evidente que se refería a aquellos escritores verdaderos, los que son profundamente competitivos. Esos escasean en todas partes. “Ni un día sin una línea” es un dicho popular que señala la importancia de la disciplina en este y en cualquier campo.
Pasaremos revista por algunos narradores arequipeños imprescindibles, aquellos que han de quedar y que, definitivamente, tienen que ser leídos por las nuevas generaciones.
De los clásicos, tenemos a Edmundo de los Ríos, el narrador más representativo de Arequipa, con su inmortal novela “Los juegos verdaderos” (1968), que recibió elogios de Juan Rulfo. Con una proliferación de las más variadas técnicas narrativas, De los Ríos narra tres momentos en la vida de un guerrillero.
De los escritores de la década del sesenta, también se debe mencionar indiscutiblemente a Raúl Figueroa, ganador tres veces consecutivas de los Juegos Florales de la UNSA (aunque aún no se ha podido verificar este dato). Sus dos textos más conocidos: “Los chacales” y “La pensión escolar”, dan cuenta de un narrador maduro con una muy buena utilización del lenguaje. Son cuentos escritos en los 60 pero que hoy se leen con una increíble actualidad y frescura.
En 1989, Teresa Ruiz Rosas publica su primer libro de cuentos, “El desván”, en el que ya evidencia muy buenas dotes narrativas. Por su experimentación con diversas técnicas en una fecha tan temprana es que este libro debe ser revalorado.
Fernando Rivera ganó el Concurso de las Mil Palabras de Caretas en 1992 (aunque este dato tampoco se ha podido verificar) y dos años después publicó el cuentario “Barcos de arena”.
Juan Pablo Heredia publicó, en 2001, “Recursos para la soledad”. Allí se encuentra el mejor cuento de este autor y una de las mejores narraciones escrita por un arequipeño: “Mateo Yucra” (cuya primera aparición fue en 1991 en una antología local). Con una estructura perfecta, este cuento es considerado el mejor relato que aborda la temática de la guerra interna; es una obra que quedará en la mente de cualquier lector. Pasarán muchos años todavía para que alguien pueda superar ese conmovedor texto.
Mención especial merece Yuri Vásquez, quien en 1994 obtuvo en Copé de Oro en la categoría cuento. Hasta hoy, es el único arequipeño que ha obtenido ese galardón.
En la primera década del 2000, específicamente en 2005, aparece “La polifonía del silencio”, recopilación de biografías de narradores y poetas arequipeños; fue realizado por Goyo Torres y Rosa Núñez. Una compilación necesaria que da a conocer a todos los escritores presentes en la ciudad hasta esa fecha.
Como si fuera un anuncio de lo que se venía, el siguiente año, Zoila Vega Salvatierra obtiene el premio de novela corta del Banco Central de Reserva con “Cápac Cocha”, una novela que aborda el misterio de la construcción de la catedral de Arequipa.
En 2010, Rosario Cardeña obtiene el premio de novela corta Julio Ramón Ribeyro con “El amante”; y en 2014 se le concede el primer lugar en el premio Altazor de Novela con “Príncipe Negro”. Dos novelas de Rosario Cardeña: dos premios literarios. Una narradora eficaz.
Si bien Orlando Mazeyra no ha obtenido ningún galardón a nivel nacional (a nivel local, tiene más de un premio), es un narrador que se debe mencionar. Ha publicado cinco libros de cuentos, de los cuales “Mi familia y otras miserias” (2013) será el libro que seguramente lo hará figurar en toda historiografía de la literatura arequipeña.
De los autores jóvenes destaca Victoria Vargas (20 años) con “Coleccionista de almas”: el mejor debut literario de 2016. Este cuentario muestra las habilidades de la narradora en el relato fantástico.
NUEVOS TIEMPOS
Narradores talentosos se han formado en nuestra ciudad o han llegado aquí para desarrollar su trabajo. Dos de ellos: Jimmy Britto y Yero Chuquicaña.
Britto nació en el norte del Perú, pero se formó aquí desde la adolescencia; ha escrito dos cuentarios, de los cuales sobresale “Pazulo, el circense”, un libro de cuentos sensible y que se aparta de los moldes narrativos tradicionales.
Chuquicaña es natural de Moquegua y también ha estudiado en la Escuela de Literatura de la UNSA; ha publicado cuatro libros de cuentos. “Air-Max 180” contiene lo mejor de su producción.

El “Ajuste de cuentos” de Juan Yufra


Por: Carlos Valenzuela

A partir del año 2000, son solo cuatro antologías las que han salido a la luz, a saber: “Cuentos arequipeños” (GRA, 2010), “17 cuentos peruanos desde Arequipa” (GRA, 2012), “20 cuentos arequipeños” (Ministerio de Cultura, 2016) y “Ajuste de cuentos” (Aletheya, 2016). No se está contando las antologías exclusivamente de autores mollendinos, de las cuales hay hasta tres ediciones distintas.
Todas ellas intentan dar una visión sobre la literatura escrita en Arequipa. Algunas con inclusiones de más, otras con ausencias importantes, son muestra del ambiente editorial que se vive en la ciudad. Toda antología es subjetiva; no puede evitarse.
La más reciente antología publicada por Aletheya nos da un indicio ya desde el título: “Ajuste de cuentos”. Evidente alusión al dicho que da por aprobada tomar la justicia por propia mano.
Y para esto, son seis los autores seleccionados: Teresa Ruiz Rosas, Yuri Vásquez, Fernando Rivera, Juan Pablo Heredia, Goyo Torres y César A. Álvarez. Ellos publicaron sus textos en la década de 1990 en antologías o en libros propios.
El catedrático agustino Juan Yufra, responsable de la selección, utiliza el criterio de la rebelión contra el sistema. En todos los cuentos escogidos “se vislumbra este componente de desacuerdo y subversión de las entidades sociales que recrean los autores y sus ficciones”.
“Detrás de la calle Toledo” de Teresa Ruiz Rosas, “Un blues en la noche” de Yuri Vásquez y “Mateo Yucra” de Juan Pablo Heredia (tres de los cuentos seleccionados) son ampliamente conocidos y, además, premiados por su calidad prosística y el adecuado tratamiento del tema que proponen.
“Arqueología” de Goyo Torres, “Wantan” de Fernando Rivera y “Una botella de cerveza” de César A. Álvarez proponen también la subversión contra las entidades sociales, aunque hay un cierto “forzamiento” en esto.
Pero, sin duda, como sugiere el título, son nombres que deben ser rescatados de la producción arequipeña de la década de los noventa, lo que viene a cumplir el objetivo de esta antología.
Como se recuerda, Juan Yufra escribió el prólogo para “Cuentos arequipeños”, tomo 10 de la Biblioteca Juvenil de Arequipa. “El tomo 10 tuvo sus interferencias y algunos detalles que en este volumen queremos corregir”, señala en el prólogo de “Ajuste de cuentos” (Aletheya, 2016), explicando, así, el título.
PERIODIZACIÓN DE LA LITERATURA AREQUIPEÑA
El poeta moqueguano Juan Yufra, además, ofrece algunos apuntes para una periodización de la literatura arequipeña. Basándose en similar estudio de Carlos García Bedoya, propone cuatro periodos.
El primero abarca los años de 1897 hasta 1927. Esta “Transición a la modernidad” tiene por límites los años de publicación de “Cuentos de mi tierra” de Francisco Ibáñez y “El pueblo del sol” de Augusto Aguirre Morales.
El segundo período comprende los años 1928 hasta 1958. Lo llama “Establecimiento del significante Ciudad”. Tiene por límites la publicación de “Un chullo de poemas” de Guillermo Mercado y el terremoto de 1958, que provocará la migración de otras ciudades.
El tercer período es denominado “Reconfiguración del sistema sociocultural” y abarca los años de 1959 hasta 1979. Lleva por límites la designación de Víctor Andrés Belaúnde como presidente del Perú y la elección de la Asamblea Constituyente de 1979.
Un cuarto período propuesto es “Transacciones simbólicas con el Otro (margen)”. Sus límites: la elección de José Villalobos Ampuero como alcalde de Arequipa en 1980 y la declaración de la ciudad como Patrimonio Cultural de la Humanidad en el 2000.
Una propuesta interesante, que combina elementos “literarios” con sucesos “históricos” (algunos de alcance nacional) para delimitar sus períodos. Se trata de un esfuerzo encomiable para forjar nuestra tradición que, poco a poco, comienza a consolidarse y a tener referentes propios.

jueves, 25 de agosto de 2016

«MAKE UP & GUM» de Ana Carolina Zegarra Paredes


Género: poesía
Editorial: Marcapasos (2009)
Págs.: 20
El paso de la niñez a la juventud es una experiencia inolvidable para todos, pero cuando este cambio solo trae desgracias, te deja una cicatriz con la que se tiene que aprender a vivir. «Make up & gum» aborda esta difícil etapa en la que una muchacha tiene sus primeras experiencias amorosas y en las que, lamentablemente, pierde. 
Ana Carolina Zegarra Paredes poemiza de manera esplendida esa etapa en que se cambian los dulces por comprimidos que obstaculizarán «la vida de una antigua fricción». Un pequeño poemario que cumple perfectamente la intención de una obra literaria: conmovernos.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Los mejores libros de narrativa publicados en Arequipa en 2015



Este año, la producción literaria en Arequipa ha crecido considerablemente gracias a las editoriales presentes en la ciudad (Aletheya, Texao, Cuervo Editores, UNSA, Transtierros, Surnumérica, Cascahuesos), además de las ediciones del autor. 

“Cuando llegaron los Wayruros” (Texao) de Goyo Torres fue el libro publicado en la ciudad más vendido en la FIL Arequipa 2015; es un relato histórico ambientado en los últimos años de la Guerra con Chile, cuyos protagonistas son niños. 

La única segunda edición a nivel local la tiene Orlando Mazeyra con “Prosperidad reclusa” (Legisprudencia), su segundo libro de cuentos.

El 2015 ha sido testigo del nacimiento de muy buenos libros de narrativa. No faltaron los textos satíricos, como “El Indignado” (edición del autor) de Juan Carlos Nalvarte; 


los relatos con temática adolescente, como “El dilema del erizo” (Texao) de Renato Amat y León; 

los relatos históricos, como el libro de Goyo Torres.

La crónica no podía faltar con el libro de Jorge Turpo Rivas. Los debuts editoriales de Surnumérica y Transtierros fueron de lo mejor en el año que se fue.

Los cuentarios también tuvieron representación con Yero Chuquicaña (“Falsos cuentos”, Aletheya), Franco Esteban Gómez (“El cielo devastado”, edición del autor) 


y Justo Bertín Flores (“Despertares Provincianos II”, Aletheya).

También es de destacar la publicación de la biografía literaria de Mariano Melgar, escrita por José Gabriel Valdivia para la editorial Aletheya.

Ediciones UNSA también publicó este año una novela de Zoila Vega Salvatierra, narradora que ya tiene varios reconocimientos a nivel local e internacional.

Cabe resaltar la reedición en España de “Nada que declarar. El libro de Diana” (Ediciones Turpial) de la arequipeña Teresa Ruiz Rosas. Además, la novela “El canto de los pájaros” de Rosario Cardeña quedó finalista en el XVII Bienal de Novela Premio Copé 2015.

Un año que se caracterizó por la profusión de publicaciones y también de lectores. Esperamos que este nuevo año, aparezcan nuevas figuras y las presentes no desaparezcan, sino que se fortalezcan y posicionen en el ámbito literario.  

[Top 5] NARRATIVA

PUESTO 5
“Falsos cuentos” (Aletheya) de Yero Chuquicaña. La revelación del año según muchos críticos de la ciudad. Sus cuentos, agrupados en cuatro entregas, de las cuales dos ya se han publicado (“Air Max 180” y “Taca-Taca”), se ubican en la etapa de la vida entre la adolescencia y la juventud; narra con precisión esta parte de la vida de muchos ubicada en la década de los noventa y llegada del 2000.
La adecuada inclusión de palabras coloquiales en sus relatos y la doble historia que va más allá de la simple anécdota lo llevan una paso delante de otros cuentistas locales. 


PUESTO 4
“Las Saucedo” (Editorial UNSA), novela de Zoila Vega Salvatierra. El ‘hit literario’ dentro de la familia Vega pasa a los arequipeños para contarnos la historia de las hermanas Saucedo en la Arequipa de 1780. Describe muy bien a la sociedad arequipeña de la época, durante la rebelión de los pasquines, mostrándonos el proceder de sus habitantes en medio del machismo imperante. Una historia de amor que aprovecha muy bien la inclusión de elementos y personajes históricos, como Juan Bautista Pando, el corregidor Sematnat y la aparición de los pasquines.
La descripción de “lo arequipeño” no podía quedar de lado en una novela localista y reveladora de parte de nuestra historia. Zoila Vega ha publicado, además, las novelas “Cápac Cocha” (BCRP, 2006) y “Acuarelas” (Ciudad Editorial, 2012).


PUESTO 3
“El viejo hotel de Fujimori y otras crónicas” (Texao) de Jorge Turpo Rivas. Nuestra ciudad no ha tenido un cronista de tan alta calidad como la de este autor. Sin duda, los más bellos retratos de personajes de Arequipa y Tacna se describen en este libro. Un aporte a la memoria colectiva, para que no olvide sus pequeñas historias, sus personajes más destacados y todo lo que nos hace sentir que somos de una tierra.
Este libro nos muestra las curiosidades de personajes como Alberto Fujimori, Abimael Guzmán, además de personajes no tan conocidos por las nuevas generaciones, como un boxeador que se ha convertido en el mejor artesano de nuestra ciudad, un fotógrafo que lleva a Machupicchu en la espalda o la historia del hombre que representa a Jesucristo, cada Semana Santa, en Paucarpata, entre otros.   


PUESTO 2
La reedición de “Los juegos verdaderos” (debut editorial de Surnumérica) de Edmundo de los Ríos no podía quedar de lado (a pesar de que el libro se imprimió en Lima).
“La novela que inicia la literatura de la Revolución en Latinoamericana”, dijo Juan Rulfo, uno de sus mentores en el Centro Mexicano de Escritores, junto a Juan José Arreola y Francisco Monterde.
Emmanuel Carballo, editor de Diógenes, editorial mexicana que publicó por primera vez “Los juegos verdaderos”, señaló: “Arte comprometido, pero no de consigna, reconstruye en tres tiempos, la infancia, la adolescencia y la edad de las primeras decisiones impostergables, la vida de un hombre que prefiere la muerte a la indignidad”.
La novela se publicó por primera vez en Arequipa por PUBLIUNSA en 1987 y ahora tiene una merecida reedición.


PUESTO 1
“Los fantasmas del masajista” (debut editorial de Transtierros), novela corta de Mario Bellatin. Aprovechando las características de la autofición, tenemos a un narrador que, por la descripción que hace de sí mismo, es el propio autor; nos cuenta la historia de la madre de Joao, su médico personal en una clínica de Brasil. Con una prosa depurada, nos vamos sumergiendo en la vida de la que fue una de las mejores declamadoras profesionales de Brasil, que, después de ser “obligada” por su representante a declamar un tema diferente al acostumbrado, tendría una inevitable decadencia en su carrera. 

viernes, 1 de enero de 2016

"Las Saucedo" de Zoila Vega Salvatierra

No ha de leerse como una novela histórica porque no lo es; es más una ficción histórica, había dicho Zoila Vega Salvatierra el día de la presentación de Las Saucedo. Y es cierto. Si bien las acciones transcurren en 1780, a puertas y durante la Rebelión de los Pasquines, y aparecen nombres como el corregidor Sematnat y el implacable cobrador de impuestos Juan Bautista Pando, es una historia amorosa con el fondo de una rebelión.
Se ha dicho que es una novela localista por la ubicación, el lenguaje utilizado y las costumbres esbozadas (perfecta descripción de «lo arequipeño» para la época), y ese es, precisamente, su mérito.  
Aprovecha de muy buena manera las características de la novela decimonónica. Utiliza un narrador omnisciente, trama lineal y, además, ubica los acontecimientos de la novela cerca a hechos históricos, como la Rebelión de los Pasquines, para que los protagonistas (y el narrador, en este caso, poco imparcial) den su opinión del suceso.
Las protagonistas son las tres hermanas Saucedo: Josefa, Rosario y María del Socorro. A través de la novela seremos testigos de sus amoríos. Josefa con un matrimonio arreglado con un hombre de la tercera edad, pero enamorada de Enrique Ibáñez; Rosario, hija no reconocida de Ignacio Saucedo, se casó con Matías Corrales, un arriero mestizo; y María del Socorro, la adolescente que se enamorará del joven poeta Pablo Preciado. Siendo las tres de distinta madre, le permite explorar las distintas clases sociales y de generación (ya que María del Socorro es prácticamente una niña al lado de Josefa, de 26 años, considerada, en la época, una solterona por no tener esposo a esa edad). 
Se explota, una vez más, el hecho de que la aristocracia simplemente utilizó a los indios para sus fines, pues cuando todo acabó, cuando se consiguió que el cobrador de impuestos Pando abandone la ciudad, los aristócratas se desentendieron de los indios. Debido a que estos ya tenían la intención de independizarse de España, fueron los mismos aristócratas los que combatieron y aplacaron la pequeña rebelión, ganando así la ciudad el título de «Fidelísima». En ese hecho, murieron muchos indígenas.
La novela crea, además, la figura de Enrique Ibáñez, como el gestor intelectual de la rebelión. Según la novela, fue él quien le sugiere a Sematnat, corregidor de Arequipa, hacerle frente a Pando con una carta (indirectamente, se la dicta), desencadenando así las más severas acciones del cobrador de impuestos.
También le da nombre y rostro al que escribiera, en un inicio, los pasquines: Pablo Preciado, poeta que queda enamorado de María del Socorro, la hermana Saucedo más joven.
La novela describe muy bien a la sociedad de la época, haciendo reflexionar en lo poco que ha cambiado hasta nuestros días. Los escándalos se cubrían, pero eso no significaba que no sucedieran; incluso podría decirse que tenían lugar con más frecuencia. La diferencia con la sociedad actual es que ahora los adolescentes hacen todo público: sus relaciones, sus rompimientos, sus abortos; todo se sabe. No son tan hipócritas como los de antaño, en la que todo sucedía, pero casi nadie se enteraba.
Zoila Vega le dedica pocas páginas a los abusos del cobrador de impuestos Juan Bautista Pando (el que provocará la revolución). Así, los abusos de la Aduana casi no son descritos, solo alusiones a que fueron crueles e intransigentes. Lo que Zoila Vega sí describe muy bien son los romances de las hermanas Saucedo y los acontecimientos de la rebelión (levantamiento en armas, escenas de la lucha en la pampa, actitud de las autoridades).
A lo largo de la novela seremos testigos de varios guiños que le darán cierto humor a la novela (como cuando Rosario Saucedo, después de la rebelión, decide marcharse con su esposo al Cusco a refugiarse en la casa de José Condorcanqui, otro revolucionario; señalando en el proceso el posible final de Rosario). Además de un final con diálogos muy emotivos y bien estructurados. 
Las Saucedo es una novela que revalora una parte de nuestra historia que muchos no conocen; aborda parte de nuestro pasado y nuestra identidad.
 «Las Saucedo fue un "hit literario" dentro de mi familia. Ahora se los entrego a ustedes», señaló Zoila Vega, el día de la presentación del libro.

jueves, 20 de noviembre de 2014

ENTREVISTA A TITO CÁCERES CUADROS


Dr. Tito Cáceres Cuadros

—Doctor en Literatura y Lingüística UNSA
—Se graduó en Letras, Economía y Educación en la UNSA
—Posgrado en Universidad de Strasburgo (Francia)
—Posgrado en Universidad de Madrid (España)
—Posgrado en Universidad de Grenoble (Francia)
—Docente principal Escuela de Literatura y Lingüística de la UNSA

Publicaciones:

Crítica:

—Marxismo: Literatura y Lingüística 
—En torno al teatro político (tesis doctoral)
—Temas y estilo de «El rayo que no cesa» de Miguel Hernández
—Indigenismo y estructuralismo en «Los cuentos andinos» de Enrique López Albujar
—Crítica psicoanálitica en «Fabla salvaje» de César Vallejo
—La doble intencionalidad en el discurso vallejiano
—Lectura dialéctica de «España, aparta de mí este cáliz»
—Mariátegui: Literatura e ideología
—«Calixto Garmendia»: Análisis social e ideológico
—«El lazarillo de ciegos caminantes» y los orígenes de la novela en el Perú
—Análisis de textos literarios
—Sentidos y formas, ensayos de metodología literaria
Literatura arequipeña
Poetas de Arequipa Antología - Los clásicos
—Antología de la poesía arequipeña (1950-2000)

Dramaturgia:

—Odio en voz pasiva
—Represores reprimidos
—Señalados para morir (mención honrosa TUSM)
—El confesor (Segundo premio CELCIT)
—Proceso a Grau (Premio Fundación Bouroncle)

Narrativa:

—Las cosas no son lo que eran antes (crónicas parkerianas)
—Todo Blues




***
—Estamos a pocos días de la FIL de Arequipa, ¿qué espera de la Feria?

Espero que haya buenos libros, gran cantidad de público, que compren los libros y que se difundan. En cuanto a las actividades de la FIL, creo que no va a haber este año algunas figuras notables, pero vale la pena que veamos cuál es la posibilidad de diálogo en algunas entrevistas que se puedan hacer con escritores que vienen de afuera.

—¿Cómo ve el panorama de la literatura arequipeña contemporánea?

En Arequipa hay varias fases, una que me parece que está descuidada es la novela; en la cuentística sí hay bastantes jóvenes y en la poesía ni se diga. Otra cosa que falta también es el ensayo, es decir, no se encuentran críticos, posiblemente porque no tienen medios de difusión o porque no tienen las armas necesarias para hacer crítica, pero una literatura siempre debe tener un comentario, un análisis, una crítica, que es lo máximo a lo cual se aspira en el ámbito literario, en la cultura en general.

—¿Hay dramaturgos en Arequipa?

Lamentablemente no. Hay una ausencia total de dramaturgos porque, en primer lugar, no hay un teatro desarrollado, si no hay un teatro, no hay un público; si no hay público, no hay cultores y, además, porque no hay una Escuela de Arte Dramático en Arequipa, como la hay en Lima o en Trujillo, y fundamentalmente porque el teatro no es para ser leído sino actuado, para ser de alguna manera comentado, y eso genera una difusión. Yo soy un frustrado total, he enseñado el curso de Teatro durante algunos años en esta universidad (UNSA) y no he podido despertar en ninguno de mis alumnos un espíritu dramático, no cuentan con ello, solamente están afincados en cuento o poesía, y en el teatro hay una ausencia total; hay una falta de tradición teatral.

—Si tuviera que clasificarse, ¿en qué generación se clasificaría?

Me parece que estaría en la generación de los sesenta, setenta o en la generación del 64 o 65; para mí es una generación marcada por muchos hechos fundamentales, desde el punto de vista político, social, cultural.


—En el 2003 salió su libro Literatura arequipeña. Ya han pasado casi doce años desde su publicación. ¿Le aumentaría cosas? ¿Le quitaría cosas?

La edición que salió fue hecha muy rápidamente. Lo hice simplemente porque me lo pidieron. Lamentablemente, el texto original se perdió, hemos tenido que rehacer el texto original y yo, leyéndolo, me he dado cuenta que hay unos vacíos y sobre todo algunas fallas, algunos errores que se perciben, lo cual me induciría a hacer una revisión, ampliarlo, pero aquí nadie quiere editar, no están preocupados por una edición de esta naturaleza. Esa publicación fue hecha con mi propio dinero. Se ha vendido muy poco, no se ha pagado la edición como no se paga nada en Arequipa, en el Perú, en general, no se puede vivir de eso; al contrario, hay que entregar dinero. Creo que necesita una revisión y una ampliación desde un punto de vista más actual.

—¿Cuál fue el criterio para hacer esta historiografía?

La primero, fundamentalmente, tenía que ser el origen y el lugar de nacimiento y yo lamentablemente lo tuve que dividir en una parte por la sencilla razón de que había incluido en una primera antología que hice a personajes como Ruiz Rosas, y algunos de Arequipa se habían sentido un poco desplazados, me reclamaron por qué yo privilegiaba a escritores que no eran arequipeños. Eso me obligó a hacer una división, pero me he dado cuenta de que aun con ese cuidado, siempre se han deslizado algunas cosas. Por ejemplo, yo ignoraba antes de la publicación de ese libro que Rosa del Carpio había nacido en Lima, y también ignoraba en ese momento que Mercedes Delgado había nacido en Cusco. Sin embargo, yo me había olvidado de Carmen Luz Bejarano, quien había nacido en Acarí, pero había estado en Lima. Todo eso me ha obligado a hacer una revisión que espero corregir.

—En Arequipa no se desarrolla tanto la crítica, ¿qué otros textos de aproximación a la literatura arequipeña podría recomendarnos?

Lamentablemente no hay. Yo no puedo recomendar nada porque lo que hay son antologías: las dos antologías de Cornejo Polar, las dos que he hecho yo. Hay antologías de cada grupo, de cada generación: hay de los ochenta, noventa y ahora ha salido de los 2000. Yo he participado en algunas de estas aventuras, incluso en esta de los 2000 hice un pequeño prólogo para una edición que hacía Martín Zúñiga, que dicho sea de paso tampoco es arequipeño, curiosamente. Pero no hay una cuestión orgánica. Hay algunas tesis que han abordado el tema en la universidad pero sobre algunos autores puntuales, el caso de Mercado, el caso de Huaco, que dicho sea de paso tampoco es arequipeño. Sí se han hecho algunas cosas, pero como una cuestión orgánica lamentablemente no hay. Hay un proyecto que dejó Jorge Cornejo Polar, pero nunca lo pudo culminar, que iba a ser una obra monumental en tres tomos, en la cual me invitó a participar con Raúl Bueno, pero se quedó frustrada.

—¿Cuáles son los desaciertos de las antologías que han aparecido?

El problema de las antologías que están apareciendo es que son personas que pertenecen a esa generación. Uno que pertenece a los ochenta hace de los ochenta; uno que pertenece a los noventa hace de los noventa. El problema está en que esas generaciones no van acompañadas de críticos. Como la generación del cincuenta, mal llamada del cincuenta, porque la aparición de la antología de Luis Yañez es en el 57 más o menos; la de los sesenta tampoco, porque en el 66 recién empieza a juntarse el grupo alrededor de la revista Homo. Pero ninguno va acompañado de críticos.

Jorge Cornejo Polar, Antonio Cornejo Polar, de esa época, comentan, pero no acompañan, tienen algunos prólogos como el caso de Antonio que tiene prólogos para algunos de estos libros, algunos alentadores y otros en los que era muy crítico, muy radical, y algunos de los poetas de la época se sintieron afectados y han guardado silencio. Pero no hay un crítico en los setenta y ochenta.

No me reciben los de la generación de los ochenta, porque piensan que soy de otra generación, son ellos los que quieren generar, han hecho antologías; en los noventa ya me ven como profesor. Ese es el problema, en cada uno de los grupos, al mismo tiempo que se hace poesía, cuento, novela, debería haber un sector dedicado a la crítica, pero si son los mismos poetas, narradores, que al mismo tiempo hacen antologías y comentarios de libros, entonces no hay una crítica organizada.

—¿Qué opina de Cuentos arequipeños y 17 cuentos peruanos desde Arequipa?


Esas antologías padecen de lo mismo que padecen todas: son visiones personales. Por ejemplo, en la antología de Cerro Verde publicada por la Región, a mí me invitaron a participar, sin embargo, en esa antología dejamos de lado a algunos y esos unos, que están muy ligados a la Región, cambiaron la antología y se incluyeron. Entonces, ya no hay una cuestión objetiva; es una cuestión más subjetiva.



En el caso de Córdova, él pertenece a un grupo, además tiene una editorial, entonces lógicamente le compete a él hacer un estudio de la gente que conoce, del entorno, pero de otros no.


Cuando Jimmy Marroquín hizo una antología en los noventa, en la presentación, algunos de los poetas «afectados» armaron, como se dice vulgarmente, una bronca. Ese es el gran problema, que no hay organización; a nivel de la universidad tampoco la hay, además que ha eliminado el curso de Crítica, que antes existía; si no hay crítica, no hay críticos, y si no hay críticos, cada uno marcha por su rumbo.


Todo blues es un pequeño libro de cuentos que tuvo poca difusión cuando salió a la luz (1987). ¿Va a reeditarlo?

Sí. Está en la imprenta, lamentablemente se han demorado por muchas razones. Iba a salir para la Feria y me doy con la sorpresa que como estaba hecha acá en la Universidad, la gente está de vacaciones. Intenté hablar con José Córdova, pero a veces no está aquí, en Arequipa. Arthur Zeballos también me dijo que quería publicarlo, pero al final no se pudo; no he tenido suerte con los editores. Tendré que hacer lo que uno siempre hace: juntar dinero y publicarlo por mi cuenta, pero el texto ya está hace un año. El año pasado (2013) lo iba a publicar pero tuve un accidente, y eso me impidió económicamente hacer la edición. Pero pienso hacer una antología de unos artículos sobre literatura arequipeña, ya tengo un buen número de artículos para armar un libro sobre ensayos arequipeños.


—¿Por qué la temática de jazz en su narrativa?

En mi caso porque yo soy fanático del jazz y porque tuve un programa de hace muchos años llamado La hora del jazz en Radio Continental y algunas ediciones en Radio Mil y otras en Radio Panorama; he hecho una trayectoria. En segundo lugar, la idea de hacer unos cuentos sobre el jazz me nació de Cortázar, leí «El perseguidor» y desde ese momento me persigue la idea. Hice un primer libro que es Las cosas no son lo que no era antes (1984), donde también hay algunos temas de jazz; luego hice Todo blues (1987) y luego he seguido ampliándolo y ahora tengo una edición más compacta de estos cuentos; es una temática que me ha interesado muchísimo porque es una historia de fracasos, de triunfos, hay de todo. Ese mundo me ha fascinado, cultivo hasta la fecha el jazz, soy un fanático, he viajado mucho, y en todos los sitios que he viajado siempre me he contactado con gente y he asistido a conciertos increíbles, siendo estudiante en Europa. Mucha de la gente que aparece en mis cuentos es gente que la he visto tocar en directo, por esa razón es una temática importante.

—¿Cuáles son las características para que un texto sea un buen texto narrativo?

Lo que siempre se ha recomendado es explotar su talento al máximo. Los talleres de cuento, de poesía, de teatro, hemos visto que es un fracaso en Arequipa. Lo primero es que la gente sea talentosa, que tenga algo que decir, en ese sentido lo único que se hace es dirigirlos.

Pero en el cuento, lo primero es, bueno, hay un decálogo, leer a Chejov, a Maupassant, a Poe. Yo, por ejemplo, releo algunos cuentos de Vallejo que me parecen increíbles; Borges, Cortázar, la cuentística en Latinoamérica es magistral, los lineamientos están allí: tratar, evidentemente, que el cuento sea breve, que tenga un interés fundamental y lo más esencial es el estilo, que haya un estilo del narrador, donde este se refleje a través de ello y que tenga una idea que siga. 

Creo que estos son los requisitos fundamentales. Si no está bien escrito, no es un buen texto; tiene que estar bien escrito. Pero si la trama no es interesante, si los personajes no tienen cierta hondura psicológica, por ahí va fallando el cuento. Creo que es un trabajo minucioso y que el cuentista debe tener en mente porque muchos piensan que la prosa es más fácil, eso es mentira, la prosa es más difícil, porque en el cuento se necesita concisión, precisión, hay muchas características que se necesitan para ser un buen cuentista.

—¿En qué nuevos proyectos está trabajando?

Ahora me he estado dedicado más al arte. He hecho algunas conferencias sobre Klimt, sobre Edvard Munch; estoy trabajando sobre la semiótica, tanto en teatro como en el cine, que es otra de mis pasiones. La semiótica del cine me apasiona, también la pintura. Estoy trabajando en esos proyectos. Tengo el proyecto de los Ensayos arequipeños; tengo un proyecto también del curso de Literatura Europea, hacer unos análisis de algunos textos fundamentales, y en el curso de Análisis de Textos, por ejemplo, estaba analizando con mis alumnos el «Axolotl», «Emma Zunz», he ensayado dos o tres cuentos más. Alrededor de ello y posiblemente otros autores como Harold Pinter en el teatro, el centenario de Albert Camus, sobre el caso de Rimbaud, estoy tratando de hacer una serie de ensayos y ojalá que pueda publicarlo el próximo año.

—El centenario de Melgar…

Melgar es uno de los temas favoritos. En el Congreso de Literatura Hispanoamericana abordé el tema de literatura arequipeña pero centrándola en Melgar. Y en el caso fundamental de este año, en el homenaje que le han hecho, he tenido que hacer el discurso de orden y estoy pensando incluirlo posiblemente en los Ensayos arequipeños, y hacer una nueva valoración de Melgar. Ya la hice una vez con la poesía de Melgar y ahora pienso ampliarla desde una perspectiva más histórica, es decir, engarzarla desde el paso de la colonia a la república como el hito fundamental de la primera forma republicana. Melgar es nuestra figura máxima y debe hacérsele todo lo que sea posible en cuanto a homenajes, estudios, etc.

 —Recomiéndenos 3 libros de autores arequipeños.


El europeo de Fátima Carrasco.


Luzbel de Oswaldo Reynoso.


Cantar de gesta de Walter Márquez.

—Recomiéndenos 5 libros de autores peruanos


Trilce de César Vallejo.

La violencia del tiempo de Gutiérrez Correa.

Siete ensayos de Mariátegui.




Cuentos completos de Ribeyro.

En el teatro recomiendo a Juan Ríos; no se le ha hecho el mérito necesario, pero es un excelente autor de teatro.

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